miércoles, 30 de enero de 2013

Cuando un sujeto nos arruina la comida

Yo he venido de tierras lejanas, lugares que tú no has pisado ni podrás hacerlo nunca. Yo conozco hombres y costumbres que jamás has imaginado, he visto rostros y he visto sus colores (amarillos, güeros, negros) que ni en sueños te has figurado. Probé langostas y lujosas viandas que tu lengua rechazaría por estar acostumbrada a pura tortilla con chile...

Soy el viajero, el cosmopolita, el que visita los Estados Unidos cada mes, el que te habla en este momento, frente a ti, que me ves indiferente, porque en realidad te vale un pepino si me creo más "culto" por viajar unos cuantos kilómetros a la "Tierra de los Sueños".

Sin embargo, me veo en la necesidad de seguirte llenando las orejas de situaciones y escenas irrelevantes que sólo te quitan el tiempo y no te dejan disfrutar tus alimentos.

Se está terminando la hora de la comida, y con ella me extingo yo, mis temas, pues al levantarnos de la mesa, seguiré siendo el mismo compañero de trabajo que le hace sentir mejor hablar de sus "viajes y sus viejas".

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